¡Aplaudiendo al enemigo!

¡Aplaudiendo al enemigo!

Por más que el fútbol sea un deporte colectivo, algunas actuaciones podrían hacerlo pasar por una disciplina individual. Sus autores se llaman Ronaldo, Alessandro Del Piero, Ronaldinho o Alfredo Di Stéfano; y todos tienen en común el haber vivido alguna tarde en estado de gracia en la que abandonaron el campo como auténticos héroes, debido a unas prestaciones lo bastante extraordinarias como para que incluso el público del equipo contrario se postrase ante ellos. FIFA.com repasa algunas de las ovaciones en pie más memorables de la historia del fútbol.

Conociendo la intensa rivalidad que existe entre el Real Madrid y el FC Barcelona, resulta difícil creer que un jugador haya conseguido algún día poner de acuerdo a los hinchas culés y merengues. Sin embargo, esa es la hazaña que consiguió Laurie Cunningham. El primer inglés de la historia en recalar en el equipo madridista realizó un excepcional partido con motivo del triunfo por 0-2 en el feudo del Barça en la temporada 1979/80. Al abandonar el césped, todo el Camp Nou se levantó para aplaudirlo. El Santiago Bernabéu le correspondería por dos veces…

Tres años más tarde, el 26 de junio de 1983, el mítico coliseo madrileño albergaba el partido de ida de la final de la extinta Copa de la Liga. Se jugaba el minuto 57, y el Barcelona dominaba por un gol en el marcador cuando un tal Diego Armando Maradona inició una interminable serie de regates que concluyó con el esférico en el fondo de las mallas locales. Los seguidores blaugranas aclamaron al genio… y sus homólogos madridistas también. Otro prodigio, otro número 10 y otro sudamericano, Ronaldinho, planeó imperial por el Clásico en 2005. El astro brasileño burló por la izquierda a toda la defensa blanca para batir a Iker Casillas una primera vez, antes de volver a hacer lo mismo unos minutos más tarde. Resultado final: 0-3. El Madrid se inclinó, y sus aficionados también.

Cabe creer que el estadio Santiago Bernabéu sabe reconocer la superioridad del rival cuando es necesario. Ya en 1952, Alfredo di Stéfano, que entonces militaba en el Millonarios colombiano, aterrizó en Madrid para jugar un torneo organizado con motivo del cincuentenario del club merengue. La Saeta Rubia marcó dos tantos y su equipo venció por 2-4, conquistando al Madrid y a sus hinchas. Poco después fichó por el club capitalino, donde haría las delicias de la afición durante 11 años. El centrocampista holandés Gerrie Mühren, por su parte, nunca recaló en el Real Madrid, pero él también consiguió hacer levantarse a los 80.000 espectadores del Bernabéu gracias a una actuación de altos vuelos, incluido un gol que envió al Ajax de Ámsterdam a la final de la Copa de Europa.

La última ovación del público puesto en pie que el Madrid reservó a un enemigo data del 5 de noviembre de 2008. Aquel día, el delantero del Juventus de Turín Alessandro Del Piero firmó un doblete en territorio supuestamente hostil y tumbó por sí solo al ogro madridista en la fase de grupos de la Liga de Campeones de la UEFA. “A lo largo de toda mi carrera he recibido muchísimas muestras de cariño, pero dos momentos concretos quedarán grabados para siempre en mi memoria: el homenaje que me rindieron en mi último partido en Turín, y los aplausos del Bernabéu en 2008”, confesó il Pinturicchio. “Recibir una ovación en un templo del fútbol semejante es algo inestimable”. 

Más o menos lo mismo que reconoció haber sentido Ronaldo en Old Trafford una tarde de abril de 2003. El delantero brasileño vestía entonces la camiseta del Real Madrid. Con una actuación deslumbrante, marcó un hat trick en el Teatro de los sueños y abrió a los Galácticos las puertas de las semifinales de la Liga de Campeones de la UEFA (6-5 en el cómputo global de la eliminatoria). El público inglés, con deportividad, aclamó al brasileño, sustituido en el minuto 67 por Santiago Solari. “Fue una noche mágica, maravillosa. Disfrutamos de un gran partido de fútbol, y la afición reconoció mi actuación. Recuerdo que, cuando me sustituyeron en la segunda parte, salí del campo aplaudido por la gente. Fue un día espectacular”, señaló el interesado más tarde a FIFA.com.

En el Arsenal, más que por la calidad de una actuación, se ponen en pie por el regreso de sus hijos pródigos. El croata Eduardo solamente pasó tres años con los Cañoneros, pero cabe creer que solamente dejó buenos recuerdos en el Emirates Stadium… El recinto londinense le reservó una ovación a su regreso, en la fase de grupos de la Liga de Campeones y con la camiseta del Shakhtar Donetsk, cuando acortó distancias para el conjunto ucraniano. “Tuve la sensación de que seguía jugando en el Arsenal”, afirmó tras el encuentro. Otro Gunner de 1999 a 2007, Thierry Henry, tuvo derecho a un recibimiento del mismo tipo cuando volvió a su antiguo campo en un Arsenal-FC Barcelona, correspondiente a la ida de cuartos de final de la Champions 2009/10. Así, una estruendosa salva de aplausos acompañó su entrada en juego en sustitución de Zlatan Ibrahimovic.

Desde que está en el París Saint-Germain, por cierto, este último se ha convertido en un asiduo de las ovaciones en pie. En octubre de 2013, tras marcar un espléndido póquer de goles al Anderlecht en la fase de grupos de la Liga de Campeones, el ariete sueco abandonó el campo aclamado por el público de Bruselas. Unas semanas más tarde, en el campo del Brest, más de lo mismo. Su hat trick en los treintaidosavos de final de la Copa de Francia suscitó la admiración del público bretón. “¿La ovación del público puesto en pie al dejar el campo? No era difícil, ¡había 500 en las gradas! Pero estoy muy contento si la gente está contenta”, afirmó Ibra posteriormente.

Mucho antes que el sueco, Pelé tuvo el don de cautivar a los amantes del fútbol independientemente de su nacionalidad o de su inclinación por tal o cual club. “Imposible no sucumbir a la genialidad de Pelé”, confesó el Rey de Suecia, Gustavo VI Adolfo, tras la final de la Copa Mundial de la FIFA 1958, perdida por los anfitriones suecos frente al Brasil de O Rei. Durante el transcurso de su carrera, Pelé fue acostumbrándose a ser aplaudido por los hinchas contrarios. Ocurrió especialmente en 1961, en el campo del Fluminense, donde se ganó una standing ovation por un gol marcado ¡tras haber regateado a seis rivales! El juego tardó casi dos minutos en reanudarse… 

Neymar tal vez no tenga el palmarés de su glorioso predecesor, pero sí comparte con él algunos puntos en común. Sobre todo, el prodigio brasileño también logró ser aclamado por los seguidores rivales con la misma camiseta: la del Santos. Fue en 2012, ante el Cruzeiro, cuando el joven Neymar firmó una tripleta. “Estoy totalmente emocionado, me dan ganas de llorar”, admitió tras el encuentro. 

En lo que respecta a emociones, difícil rivalizar con aquel minuto 86 del derbi catalán Espanyol-Barcelona del 18 de diciembre de 2010. Pep Guardiola, entonces entrenador del Barça, decidió realizar un último cambio. Andrés Iniesta era el sustituido, y todo el estadio Cornellà-El Prat se levantó al unísono para ovacionar al jugador. Una forma de rendir homenaje a quien, en la final del Mundial, había dedicado su gol a Dani Jarque, defensa del Espanyol fallecido unos meses antes. “Dani Jarque siempre con nosotros”, podía leerse en la camiseta del goleador decisivo contra Holanda. ¿Alguien ha dicho “deporte individual”?

 

 

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